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Francisca Aninat sobre su nuevo libro de humor negro: "Este es mi lado oculto, mi lado que me entretiene"

La periodista lanzó recientemente "La Última Cena", un volumen que reúne 16 cuentos breves con personajes disparatados, "alienados", que sufren de soledad y destinos inciertos. El prólogo fue hecho por Raúl Zurita, su mentor.

15 de Diciembre de 2018 | 15:43 | Por Magdalena Álamos, Emol
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Francisca Aninat

SANTIAGO.- "Creo que la mejor literatura que se está escribiendo en Chile no es la oficial, no es la de los autores más o menos conocidos (...) sino aquella infinitamente más secreta que practican por años personas que no han participado de ese menudeo", reflexiona Raúl Zurita en el prólogo que dedicó a Francisca Aninat para su nuevo libro.

La historia de un hombre al que le encantaban los funerales y todos los días compraba el diario para revisar el obituario y asistir a los ritos de despedida, es uno de los 16 cuentos que relata la periodista en su volumen recientemente lanzado "La Última Cena" (Uqbar Editores).

El texto cuenta historias muy breves y está narrado con un incuestionable humor negro, con protagonistas disparatados y "alienados" que son víctimas de la incerteza y la soledad.

"Este es mi lado oculto, mi lado que me entretiene, mi lado como loco y la verdad es que, bueno, fue una sorpresa también para mí", dijo a Emol la periodista, quien se describe como una persona más callada o tímida.

Aninat explica que tiempo atrás vivió 4 años en Estados Unidos y estudió en Harvard sobre el existencialismo y el teatro del absurdo. Analizó a autores como: Ionesco, Beckett, Sartre, Camus, Pirandello y Kafka.

"Estaban ahí (dentro de ella) y tenían que salir", dice la periodista, quien atribuye el estilo de sus relatos a una influencia de estos intelectuales.


Para Raúl Zurita, quien fue mentor de Aninat en un taller de poesía, estos cuentos "parecen haber surgido directamente de un inconsciente privilegiado" y son "sorprendentes y singulares", como dice en el prólogo que escribió para "La Última Cena".

"Surgieron en mí, y los dejé contar la historia a través mío"


- ¿Cómo definirías a los personajes de tu libro? ¿Cuál es el hilo conductor que los reúne a todos?

- Son personajes bastante alienados con búsqueda de sentido, que están buscando el sentido en la vida. En el fondo, experimentan o sienten el fracaso de la incerteza. Los cuentos parten de una forma más alegre, con un mundo más armado, y el mundo se va desarmando. Los marca falta de certeza y también la soledad.

Y tienen un humor negro que está deslizado, sugerido (...) La verdad es que me reí mucho. Yo creo que son cosas que pasan, pero que la gente no las quiere reconocer, no las quiere ver, no a ese extremo.

- ¿Cómo es este libro en comparación a los otros que has escrito?

- Esta fue como una veta muy inesperada de mi misma. Yo soy una persona un poco más introvertida, de bajo perfil, y me salió esta cosa muy loca. De repente mi marido me decía "esta no eres tú", y yo decía "¡pero sí, soy yo!" (se ríe). Este es mi lado oculto, mi lado que me entretiene, mi lado como loco, y la verdad es que, bueno, fue una sorpresa también para mí. Escribir da sorpresas.

- Y lo otro, es que sentí que estos protagonistas surgieron en mí, y yo no podía modificar sus destinos. Al final me di cuenta que tenía que dejarlos ser no más. Ellos me habían elegido a mí, y yo los dejé contar la historia a través mío.Trataba de cambiarlos, y ¡pá! volvía a salir, y dije: "Ya, este es el destino de ellos".

- ¿Cuánto tardaste en escribirlo?

- Más o menos en dos años. Soy súper perfeccionista, de repente prendía la luz a las cuatro de la mañana.

"Mi papá nos leía su poesía y nos decía: 'coméntame'"


- ¿Cómo empezaste a escribir?

- Somos 5 hermanos y mi papá nos leía. Él escribía mucha poesía y todo el tiempo nos estaba leyendo su poesía y nos decía "coméntame". Yo tendría 7, 8 años, y decía: "Ay, qué lata papá".

Y los cinco fuimos creciendo, y le fuimos comentando más. Él siempre esperaba nuestras respuestas (...) Eso me marcó mucho. En el fondo, yo de alguna manera quería escribir, y de repente me metí al taller de Raúl Zurita -a quien conocí haciendo una entrevista en los años 80- y empecé a escribir... y de ahí no lo dejé más, me encanta, es una pasión y una obsesión también.

- Francisca, me llama la atención el epígrafe que escogiste, que dice: Estábamos hablando y de pronto voló de sus ojos un pájaro blanco".
- Eso es de mi papá. Bueno, somos hermanos que tenemos harto complejo de Edipo (se ríe).

- ¿Por qué decidiste vincular la frase a tu libro?
- Porque, en el fondo, en todos nosotros hay un grado de excentricidad, o pequeñas locuras cotidianas. Muchas cosas de los cuentos que escribí fueron imágenes, o a veces una frase que alguien decía en la calle, y la anotaba al tiro, me llamaba la atención… como que aprendí a mirar, a observar de otra manera. Y bueno, yo creo que mi papá tenía eso. A él le interesaba mucho el tema de la verdad, era una persona muy auténtica y muy breve.

- ¿Se podría decir que estos cuentos están relacionados a una verdad que estaba dentro de ti y que no la habías dejado salir?
- Yo creo que sí. Yo tengo una cosa bien lúdica, también humor negro y claro, yo me presento... o me sale una parte como más seria, más reservada, más callada, más para adentro.


"Todavía me rondan estos personajes, no puedo escribir nada"


- ¿Por qué se llama "La Última Cena" el libro?

- En el último cuento hay una traición. No hay una referencia directa religiosa, sino que está muy de soslayo, una cosa muy sutil. Hay una cena, una traición, una muerte, pero no va más allá de eso. Encontré que podría venirle el título.

- ¿Y le pusiste ese nombre al tomo completo porque es tu cuento favorito?
- Sí, es mi cuento favorito y sí… Hay otro que es bien melancólico, que saca el lado más melancólico mío. Hay otro que se llama cuento fúnebre, que a él le encanta ir a funerales. Entonces, su misión en la vida es ir a dos funerales diarios. Ese es uno de los libros que es como de mis favoritos, pero bueno... los quiero a todos. Quiero a mis personajes y estoy contenta (se ríe).

- Da la impresión de que estos cuentos fueran como hijos tuyos y otras veces que son partes de ti.
- Son una mezcla, yo te diría que... a ver... no he escrito nada, este libro lo terminé hace dos meses… Y todavía me rondan estos personajes, como que los tengo encima, son parte de mí o como que son mis hijos, qué se yo. No sé, ¡como que tengo que desprenderme de ellos! Y todavía no lo he logrado hacer. Entonces, es como curioso lo que me pasa. ¡No puedo escribir nada! Todavía estoy muy pegada con ellos. Como que me hice amiga... Sí, una experiencia chora (se ríe).



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